Obesidad y genética: ¿hasta qué punto influye la herencia en el peso?

Durante mucho tiempo se ha pensado que el peso corporal dependía principalmente de los hábitos de cada persona: cuánto come, cuánto ejercicio realiza o qué tipo de alimentación sigue. Sin embargo, la investigación científica de los últimos años está mostrando que la realidad es mucho más compleja.

La genética desempeña un papel importante en la predisposición a desarrollar obesidad y puede influir en aspectos relacionados con el apetito, la saciedad, el metabolismo y la forma en la que el organismo regula el peso corporal.

Esto no significa que la obesidad esté determinada de antemano por nuestros genes. La evidencia apunta más bien a una interacción constante entre genética y ambiente.

¿La obesidad se hereda?

La respuesta es sí, pero con importantes matices.

Una investigación publicada en PLOS Medicine en junio de 2026 analizó la relación entre el IMC de los padres y el de sus hijos utilizando datos de la Norwegian Mother, Father and Child Cohort Study (MoBa), una gran cohorte poblacional noruega. El estudio incluyó hasta 85.866 niños para los análisis principales y empleó modelos estadísticos diseñados específicamente para diferenciar la influencia genética de otros posibles mecanismos.

Los investigadores observaron que un mayor IMC de los padres se asociaba con un mayor IMC de los hijos durante la infancia. Sin embargo, al aplicar un modelo genéticamente informado, encontraron que la mayor parte de esta relación podía explicarse por factores genéticos compartidos entre padres e hijos. En el caso del IMC a los ocho años, el modelo estimó que la influencia genética explicaba aproximadamente el 79 % de la covariación con el IMC materno y el 94 % de la covariación con el IMC paterno.

El estudio también encontró una asociación entre un mayor IMC parental y determinados comportamientos alimentarios relacionados con la obesidad en los hijos. No obstante, los autores advierten de varias limitaciones, entre ellas la posible selección de participantes y el hecho de que los resultados proceden de una población noruega y no necesariamente pueden extrapolarse directamente a otros países o contextos.

Estos resultados ayudan a comprender que la predisposición al exceso de peso puede transmitirse genéticamente, pero no significan que una persona esté destinada a desarrollar obesidad por el hecho de tener padres con sobrepeso u obesidad. La genética es uno de los componentes que intervienen en el riesgo, mientras que el entorno y las circunstancias a lo largo de la vida también desempeñan un papel importante.

Por tanto, hablar de obesidad hereditaria no debería interpretarse como hablar de un destino inevitable, sino de una predisposición biológica que puede interactuar con otros factores.

Referencia científica: Bond TA, McAdams TA et al. Parental body mass index and offspring childhood body size and eating behaviour: A structural equation modelling analysis in the Norwegian Mother, Father and Child Cohort Study. PLOS Medicine, 2026. DOI: 10.1371/journal.pmed.1005094.

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